Uno de los alimentos que no pongo en casa es el hígado. A Jucha le da un patatús...
Pero a mí me encanta y aprovecho uno de los pocos días que no viene a comer para cocinarlo...y comerlo.

Comprendo la animadversión de la gente con las visceras. De pequeños mi madre nos daba los filetes de hígado muy finitos, ligeramente empanados y bien fritos, para que los comiéramos. Hasta que nos acostumbramos a su fuerte sabor.
Tiempo despues cambió la receta y lo ponía encebollado. Nos encantaba. La llamo por teléfono para que me cuente cómo lo hace exactamente pero es jueves, día de salir a comer con las amigas. Tiro, pues, de recetarios y me decido por esta manera:
Pelo y corto en juliana una cebolla pequeña.
Caliento un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una sartén, añado la juliana y media ramita de canela. Salo, tapo y dejo pochando a fuego muy suave durante 40 minutos.
Limpio 150g de hígado de ternera, y corto en pedazos de bocado.
Añado a la sarten, remuevo, tapo de nuevo y dejo hacer durante 5 minutos.
Compruebo que el hígado está hecho y sirvo.
Con una ensalada sólo de lechuga está...umhhhh.
A mi con el hígado me pasa una cosa que creo que nos pasa a muchos; pensar en hígado de ternera me da un poco para atrás, pero luego veo el hígado de pato y me pongo morada. Es un sinsentido, lo sé. Yo no sé si me recuerda al olor del hígado empanado de mi tía, secorro a más no poder, pero no es algo que me apetezca comer.Ahora que si no sé lo que es en esa foto se ve estupendo.
Besos.