El último Domingo de Febrero andamos por Noja. Mario Picazo nos había asegurado un finde primaveral y no ha parado de llover. Cagüen...
Nos acercamos a Santoña a comer de pinchos y la lluvia nos da un respiro.
Llega, incluso, a clarear.

Despues de Berto y el Buciero, tomamos café cerca del puerto y cogemos El Pasaje por atrás.

Algún rayo de sol se cuela entre negros nubarrones, y algún pedacito de cielo azul, también.

Aprovechamos que hay bajamar para pasear por la playa de San Martín, que si no, no existe.

Enfrente el puntal de Laredo, más alla las estribaciones de la Cantábrica. Y dos gaviotas, tonteando.

Montehano y el fuerte. Y una corta lengua de arena que nos obliga a andar y desandar camino varias veces.

Para que Sella se desfogue.
Ya en El Pasaje, de nuevo, me entretengo con la floración de los pinos.

Y las siluetas de los plátanos contra el cielo plomizo.

Pensando cuando llegará el momento en el que pueda hacer este paseo a diario.