Viernes Santo, Jucha me propone un Buciero y acepto pero..., quiero probar otros senderos. Siempre hacemos la vuelta completa y hay más posibilidades.

Dejamos al Cheni en el estacionamiento de Berria, junto al cementerio, e iniciamos la subida por la carretera del Dueso.

Una vez en el muro trasero lo bordeamos, hasta llegar al barrio y cruzar la plaza.
Allí tomamos una pista asfaltada que se adentra en el monte, a partir de ahora siempre nos dirigiremos a mano izquierda.
[Qué no se entere mi madre
]
Al final del caserío vemos el antiguo polvorín, en plena restauración por una escuela taller.

Ya era hora... Lleva años degradándose y es una joyita de la arquitectura bélica.

El camino es pindio y transcurre entre laureles, avellanos y encinas. Caminamos en zig-zag para hacer más suave el ascenso, en este tramo.
La vegetación se va haciendo, cada vez, más escasa y el bosquecillo da paso a unos impecables praos, llenos de flores...

Ya vemos La Atalaya, nuestro destino.

Desde hace un rato estamos siguiendo, confiados, unas manchas azules claras, casi turquesa. Llegamos a una granja y las señales nos mandan, de nuevo, a la izquierda, por un senderito. Abrimos una puerta-somier, reciclaje total, volvemos a cerrar y desembocamos en otro prao desde el que , ya, vemos el mar.

Lo atravesamos. La hierba está tan alta que nos acaricia los muslos y perdemos a Sella de vista, por unos momentos.
La vista es impresionante, abarca tanto. Entre verdes y azules...

El camino aparece cómo por arte de magia y nos internamos entre los retorcidos troncos de la laurisilva del Buciero.
Lo que hemos subido, lo estamos bajando y reflexionamos. Deberíamos haber seguido subiendo...

Confirmanos nuestras sospechas cuando vislumbramos la carretera, a la que vamos a salir.

Se trata del asfalto que lleva hasta el faro del Pescador. Allí hay más personal.

Ensimismado en el sorprendente paisaje que nos regala el emplazamiento de esta antorcha para marinos.

En cada claro que aparece por el camino de vuelta vale la pena la parada. Lo hemos visto, y fotografiado, miles de veces, pero no nos aburre.

De nuevo aparecen las casitas coloreadas del gracioso barrio del Dueso.

Las marismas y Montehano.
Hemos completado el círculo, aunque no hayamos llegado a nuestro destino inicial.
Mañana más.
Je, Je..., me "pai que" vuesas excelencias en "Yusa" (Llusa) al tomar el caminejo que "to tieso" llega, contorneándolo, al Collado de La Atalaya, en algún momento "pillaron" algún vericueto sucedáneo que les llevó a la ruta que dá la vuelta al Bucieruco, en el tramo que baja al Faro El Pescador. Esas cosas suelen pasar.... 
A finales de Febrero o principios de Marzo, nos dimos un paseuco desde El Dueso hasta el Faro y "pusímonos fartucos" de frutos de madroño; greo gue dodafía nos dura el mareo...
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Buen finde, Doña... y la "compaña" of course.

No sé como todavía me resta una miaja humor...

Kris, es lo bueno dl Buciero, tienes las vistas y el paseo asegurado, "manque" te confundas...
Marhya, cómo éste te esperan un montón más.
Zuhur, luego, mirando un mapita en la Vieja Tienda vimos que habiamos "atajado" por el Camino del Cerro, nos confundieron las señales turquesas, tan claras.
Tienes mi hombro para echar unas lágrimas y desahogarte, amigo. ¿qué ocurre?
Besotes!!!