¡¡¡Qué dificil es!!! Y es que sólo están quietos cuando ven sus vidas peligrar, y no les vas a poner en esa situación constantemente, para sacar una foto.

Además, se les pone una cara de poker nada favorecedora...

Miralés. Cuando una cierra los ojos, a la otra se le cae la cabeza hacia atrás, cómo si le estuviera dando un flay, y, claro, él no se lo va a perder y se vuelve a mirar el descontrol.

Ya cansados de tanto posar, tras cinco laaargos minutos, las hay que siguen haciendo el gamberro. Es más, parece que han entrado en una espiral de frenesí...
Y cambiamos de escenario.

Pero las más pequeñas están aburridas y cualquier cosa llama más la atención que las súplicas de la aguerrida fotógrafa.
¡¡¡Qué chuli la florecita!!!

Al final todo queda entre la mayor y el pequeño.

Aunque mis mejores tomas son aquellas para las que no hay posado, las robadas me gustan más...