Con toda la tarde por delante nos dedicamos a inspeccionar la zona.
Y desembocamos, primero, en el nacimiento del Ebro. Un remanso de paz verde, muy verde...
De aguas blanquecinas, procedentes de una surgencia que mana de un pozo. Pozo que se alimenta del Hijar que viene directamente del Pico Tres Mares. Como nosotros...
Lo rodea un bosque de arbolado autóctono, cuidado y demasiado civilizado para mi gusto, pero bonito y de agradable paseo. Robles, arces, chopos, espinos, platanos, serbales, fresnos, salgueras y olmos componen una cúpula de hojas, densa y refrescante.
Al Castillo de Argüeso no es la primera vez que vamos. Aunque nunca habíamos entrado.
Hoy luce restaurado, reedificado más bien...
Sus dos torres nos hablan de control del territorio, dominando el Paso de Palombera, crucial en la trashumancia de la zona.
Sus salas... de riqueza, la de los Mendoza, que enfrentados a los Manrique, son propietarios de gran parte del territorio en los albores del Renacimiento.
Desde sus escasos vanos observo un paisaje fresco y fragante. Alomado. En el que apetece tumbarse a mirar las formas caprichosas de las nubes.
Oh, oh... hay dos que se me han adelantado...
Sella y Jucha yacen al lado de la pequeña necrópolis que se conserva en el patio de armas, ajenos a ella, supongo.
El único castillo del interior de Cantabria, que ha resistido el paso del tiempo, es pequeño y coqueto. Nos despedimos de él por el puerto que un día controló.
La Palombera nos conduce hasta Cabezón de la Sal. Siguiendo al rio Saja.
Entre riachuelos que lo alimentan, ruidosos, plenos.
Y sensaciones vibrantes de un día aprovechado a tope. Un día de cumpleaños perfecto.
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La Palombera, hermoso puerto, según fiables indicaciones y que según mis experiencias personales, solamente puedo atestiguar que de espesísimas nieblas. 
Sin embargo las varias veces que, vía Cabezón, he llegado hasta Barcena Mayor y alrededores, casi siempre he tenido la metereología favorable.
A ver si a la próximaaaa... 
