Una bonita opción para ir a Santander es cruzar la bahía en la pedreñera.
Mi padre lo hizo así los años que trabajó en Santander, durante todos los días, y comentaba que era una estupenda manera de incorporarse al curro por las mañanas y de desconectar al final de la jornada.
Cuando vas de turista también es una buena forma de echar un vistazo general a la ciudad, e irte acercando a ella desde el mar.
Entre los elegantes edificios de Pereda destaca el Real Club Marítimo de Santander. Una construcción racionalista de los años 30 que se levantó bajo la batuta de Gonzalo Bringas. Me gusta cómo contrasta con los tejados picudos de detrás, sus balcones y miradores.
Está genial comer de picoteo por las calles de Lope de Vega y Peña Herbosa, con Carrra, que está instalada allí desde principios de mayo.
Y luego atacar Reina Victoria.
Cuesta arriba y cuesta abajo. En busca del helado de queso de La Italiana. [El mío de mojito. In-cre-i-ble]
Entre playas y peñas.
A la vuelta pasamos por la Plaza de Pombo, una de mis favoritas, con su quiosco y sus niños jugando a la pelota. En ella hay una librería muy chula...
Hacia las seis volvemos a coger la pedreñera de Los Reginas.
Y retornamos en menos de veinte minutos a Pedreña, en donde hemos aparcado el coche.
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