Pasa el afilador.

Ya no va en bicicleta, que posa sobre una pequeña borriqueta.
Ya no pedalea para afilar mi cuchillo grande.
Ahora va en furgoneta, con vinilos publicitarios.
Pero sigue silbando para anunciarse. Para avisar de su llegada.
Ahora su cantinela ya no es el clásico pirurí.
Ahora es una cinta grabada. Cómo la de los campanarios de algunos pueblos.
Como no tiene que hacerlo él se ensaña en mostrar más notas.
Mi madre siempre dice que va a llover cuando oye el pirurí.
Igual ya llegan las lluvias y el fresco. Igual ya llega el otoño.
Tampoco es afilador, ahora es afiladora.
Estaba, hace una semana, profundamente concentrado en la lectura de un libro, cuando, a través de mis oídos llegó hasta mi mente el sonido de un chiflo de afilador, lo que, súbitamente, me transportó a ciertos sonidos relacionados con mi más tierna infancia: el afilador; el mielero; el lotero (de lotería); las sardineras; etc. Fue un nostálgico "revival" que me dejó una sensación placentera durante el resto de la mañana. ¡¡CoOoñes, que viejo qu'es uno!!.
Pocas profesiones han logrado tener un sonido tan identificativo como el del chiflo de afilador, y prueba de ello es que, actualmente, algunos de los profesionales ambulantes que aún ejercen este oficio, utilizan una grabación que hacen sonar a través de los altavoces del coche, para que la clientela perciba su presencia.
Doña, calorazo tras calorazo, se acercan pausada, pero inexorablemente, las fechas de iniciación de la temporada cariquera...
, habrá que visitar a "su" Begoña...
Agurtxu