La mañana del viernes, 14 de octubre, salimos de Almagro con dirección a Almuradiel.
Entre olivos y viejos volcanes, el Embalse del Jabalón, reconvertido en humedal, nos da un respiro cromático.
En Calzada de Calatrava cogemos el desvío hacia Puertollano y, ya, vemos nuestro objetivo.
No son riscos si no el Sacro Castillo Convento de Calatrava la Nueva. Encaramado al cerro Alacranejo. A más de novecientos metros.
Me da la bienvenida la Puerta de Palo. O de los tres arcos, en piedra roja volcánica.
Me llaman la atención sus pétreas raices. La Orden de Calatrava llega aquí a finales del siglo XII. No se sabe bien si para asentarse sobre el viejo castillo de Dueñas de los Gutierrez Girón o para construir uno nuevo, huyendo de la insalubridad del de Calatrava la Vieja, a orillas del Guadiana.
El caso es que reformaron/levantaron una enorme fortaleza sobre el escarpado cerro con el fin de proteger a las nuevas tierras de la Corona de Castilla de los belicosos moritos.
Para ello fue necesaria la construcción de un auténtico pueblo en el interior del castillo.
Me voy encontrando con un horno, dormitorios, aljibes, caballerizas, almacenes... Dentro de tres recintos claramente separados, tres rondas de murallas que le dan un aspecto sumamente acorazado al conjunto.
Tras una esquina aparece la Iglesia. Los calatravos eran monjes en sus orígenes y no podía faltar este espacio. Los gruesos muros de mamposteria, atenazados por unos torreones, están rasgados con un enorme rosetón que llena de luz el interior.
Tres limpias naves, a la manera cisterciense, sin excesos, sin adornos. Sólo piedra.
Y ábsides de ladrillo.
Una vez fuera me acerco a contemplar el paisaje que me rodea.

Casi infinito...
Vulevo a introducirme en el edificio. Entro y salgo, cómo en un laberinto...
También me encuentro con el convento, el archivo y el refectorio. Todo ello en estado ruinoso. En parte por el terremoto de Lisboa de 1775, en parte por el abandono provocado tras la Desamortización de Mendizabal en 1835.

Desde la ventana del Archivo veo las ruinas, también, del vecino castillo de Salvatierra, que los moros recuperaron en 1211. Imagino las reyertas y escaramuzas protagonizadas por los frailes guerreros, hasta su recuperación, quince años despues...

Y sigo paseando entre sus piedras...
Un último vistazo, en la bajada, me sirve para percatarme del enorme enclave por el que me he perdido durante las dos últimas horas.
En el Viso del Marqués pasamos por delante del antiguo palacio del Marqués de Santa Cruz, ahora Archivo General de la Marina.
A sólo 250 kms del mar. Y es que los manchegos son así... Nada se les pone por delante. Ni Sierra Morena, ni la Bética, ni na'...
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