Si asocio algo al fin de año es el confetti. Y eso que en casa siempre hemos sido más de serpentinas.
Con la edad, sin embargo, en esta fecha me da por echar la vista atrás y pasearme por el año que dejo.
Un año extraño sin duda. Con algunas experiencias duras de las que he salido reforzada gracias, sobre todo, a la familia, la de Jucha y la mía, que ya son una sola. Dentro de la familia incluyo a los amigos, por supuesto.
También ha habido momentos muy buenos, claro, siempre los hay. Cuando buscas la felicidad en los pequeños detalles, cómo es mi caso..., siempre los hay.
Y, cómo siempre, ahí estaba este blog. Mi válvula de escape, mi salida de humos... Y los que lo leéis... el motor de vericuetos.
Os deseo lo mejor para el 2012.
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