Lunes, 13 de mayo de 2013

Hace años que no pasaba unos días en nuestro país vecino, y eso que, en otra época, he ido mucho. Primero con mis padres, con los que un par de veces al año, mínimo, hacía un viajecito por allí. Y luego con Jucha, al que he acompañado, en varias ocasiones, a correr la Media Maratón del 25 de abril.

Esta vez la principal excusa es una prueba deportiva, también: El Triatlon de Lisboa. Pero ha dado algo más de sí. Os cuento:

El jueves 2 de mayo salimos temprano, en caravana, desde Valladolid con Marmar y Jorve. Tras un par de paradas técnicas en Baños de Montemayor y Mérida llegamos a media tarde a Costa da Caparica en donde Jucha y yo nos alojamos. Un pueblito al Sur de Lisboa, turístico, y con una larguíiiisima playa de arena blanca y fina. En realidad es el arenal más largo de Europa, ¡¡¡con más de 30 kms de longitud!!!

A pocos metros del hotel hay una ferretería. Esto pinta bien.

Mi afición por estos establecimientos viene de familia. A mi abuela Gloar siempre la recuerdo con un destornillador en uno de sus bolsillos. Mi padre y yo nos pasábamos horas en LM y Portugal tiene las ferreterías más geniales que conozco. Deben ser muy bricolajeros...

Jucha da gracias a que está "de ferias", o sea, de vacaciones y no abre hasta después de nuestro día de marcha previsto.

Al día siguiente las chicas exigimos excursión. Nos encaminamos hacia el sur, una zona que Jucha y yo no conocemos. La parte de abajo de la nariz lisboeta.

El Cabo Espichel se asoma al Atlántico atrevido y descarado.

Grandes farallones rocosos hunden su raíces en las limpias aguas del oceáno.

Hay que asomarse, de verdad...

Allí se encuentra un curioso conjunto arquitectónico presidido por la Iglesia de Nuestra Señora del Cabo.

Cuenta la leyenda que apareció la talla de la Virgen a lomos de una mula y que fue vislumbrada por un hombre, atraído por un haz luminoso sobre el cabo.

Se construyó una ermita conmemorándolo, pero el lugar se convirtió en zona de peregrinación y se decidió levantar a igreja en el siglo XVII. Su fachada encalada da paso a un interior increíble. Tienes que ir para verlo.

A los lados se levanta, a comienzos del siglo XVIII, la Casa dos Círios, para dar alojamiento a los peregrinos. Ahora tapiada.

Las ruinas de Casa da Opera, un lugar para espectáculos, se encuentran tras uno de estos edificios. Allí llegaron a actuar los más importantes grupos teatrales de la Europa barroca. Eso nos da idea de lo importante, como lugar de peregrinaje, que debió ser este santuario.

Ahora respira tranquilidad y trasmite paz. ¿Más acorde, no?

Un faro en el cabo guía nuestro pasos.

Deshacemos un poco del camino para volver a Sesimbra. Lo corona su castillo.

Y la Iglesia de Nossa Senhora do Castelo nos da la bienvenida.

Con su interior alicatado en blanco y azul, que tanto me gusta. Los azulejos de este edificio se remontan al siglo XVIII.

Y, aunque la iglesia se llegó a hundir por abandono, para despues restaurarse, no han perdido ni un ápice de su belleza y encanto.

La muralla medieval rodea el cerro en el que estamos.

El castillo se situa al Norte, cerrando el conjunto.

Y dominando una zona altamente estratégica, por su situación, rica por las tierras fértiles de alrededor y con un excelente puerto natural a sus pies.

Eso le llevó a ser objetivo de los distintos mandamases del lugar. Pasó de manos cristianas a musulmanas y viceversa, hasta que en el siglo XIII, el rey Sancho II lo entrega a la Orden de Santiago junto con los dominios de Sesimbra.

Durante el siglo XIV pierde relevancia en favor de otras fortificaciones más modernas, pero nunca su uso. Es el terremoto de Lisboa, en 1755 el que le deja malherido. Su consolidación se lleva a cabo entre 1930 y 1940, ahora luce pequeño y coqueto.

Atravesamos el precioso Parque Natural de Arrábida, deseando volver para investigarlo más a fondo, y desembocamos en la diminuta población de Santa María.

Tres restaurante, una docena de casas y una playa maravillosa. Si alguna vez desaparezco, éste podría ser el lugar elegido para hacerlo.

Allí comemos (proximamente en este blog Gui?o).

¡¡¡Vaya carita de satisfacción!!

Camino de Lisboa cruzamos Setubal. Sin bajar del vehículo veo anchas avenidas con bonitas casas.

Ya se cual es mi próximo destino en estas tierras.


Tags: Vericuetos, amiguetes, portugal, caparica, sesimbra, fonte de santa maria, lisboa

Publicado por talipo @ 8:00  | Vericuetos
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Comentarios
Publicado por Kris
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 8:27

estasemana esta claro que como empezó, seguro que fue un fin de semana 10, bss

Publicado por Marhya
Lunes, 13 de mayo de 2013 | 10:53

¡Que preciosidad! Ha debido de seer un viaje estupendo, las fotografías atraen, esos acantilados sobre todo me han conquistado.

Un beso.

Publicado por marmar
Martes, 14 de mayo de 2013 | 15:58

Jo, la verdad que las fotos estan de lujo!! Me alegro que el rinconcito que descubrimos te plantee volver por el sur de Lisboa, ademas te queda Fonte da Tella, que tiene unas terracitas mucho mas acogedoras que las de Caparica, te lo aseguro! Y el mercado de Setubal, seguro que te encanta. En Óbidos estuvimos por sus tiendecitas y me acorde de ti... habia una cantidad de aldabas!! Ya te pasaré la foto!

Publicado por talipo
Martes, 14 de mayo de 2013 | 19:58

Pues sí, Kris. Pasamos muy buenos ratos, ya los iras descubriendo.

Marhya, Portugal me tiene enamorada.

Marmar estoy deseando ver esa foto. ¡¡¡Y volver!!!

Besotes.